Regálate una pausa
- Pili Rivera
- 23 ago
- 2 Min. de lectura

Agosto suele sentirse como un mes de mucho movimiento, especialmente aquí en el hemisferio norte. Entre vacaciones, reuniones familiares y viajes, rara vez encontramos verdaderos momentos de calma, incluso cuando los días de verano se alargan. Y aunque solemos asociar esta época con alegría y libertad, también trae consigo ciertos desafíos: olas de calor, cambios en la rutina o la presión de “aprovechar” cada instante. Incluso los espacios pensados para el descanso suelen llenarse de planes, compromisos o pendientes.
En medio de todo esto, es fácil pensar que el mindfulness necesita una preparación especial: encender una vela, sentarse en un cojín de meditación o dedicar media hora en completo silencio. Y si bien ese entorno puede ser valioso, el mindfulness (o atención plena) también se encuentra en medio de lo cotidiano. Simplemente prestando atención a lo que estamos haciendo en este preciso instante.
Tomar una pausa no tiene que ser complicado
Una pausa puede ser algo tan simple como notar tu respiración, sentir el contacto de tus pies con el suelo o relajar suavemente los hombros. Incluso una pausa breve es, en sí misma, una práctica.
Cada vez que tomamos una pausa, abrimos un pequeño espacio: un respiro entre una actividad y la siguiente. En ese espacio podemos sentir el cuerpo, y notar los pensamientos o el entorno con una mirada renovada. Estos instantes de consciencia pueden ofrecernos calma y claridad, incluso en medio de la incomodidad.
🌟 Una práctica sencillaTe invito a probar lo siguiente:
¡Y eso es todo! Una pausa, una respiración, y una observación. |
A medida que el verano comienza a transformarse en otoño, te invito a llevar contigo este recordatorio: el mindfulness no se trata solo de sentarse en silencio, sino de vivir con consciencia. Tomar una pausa, aunque sea por unos segundos, siempre está a nuestro alcance. Cada pausa nos brinda la oportunidad de regresar suavemente al momento presente y abrirnos a lo que viene después. Con la práctica, descubrimos que estas pausas no son interrupciones, sino momentos para nutrirnos emocionalmente, tanto en la calma como en la incomodidad.
Y para acompañarte en lo que queda del verano, quiero dejarte tres sencillos deseos, inspirados en la práctica de la bondad amorosa:
Que estés a salvo, o lo más a salvo posible.
Que estés bien.
Que encuentres calma, incluso en medio del caos veraniego.



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