El poder del amor propio: cultivando la compasión en la vida diaria
- Pili Rivera
- hace 13 horas
- 3 Min. de lectura

Desde que tengo memoria he sido mi crítica más dura. Cada vez que algo no salía como lo había planeado, repasaba en mi mente esos momentos una y otra vez, cayendo en el perfeccionismo. Mi cuerpo también cargaba con el peso de esa autocrítica: presión en el pecho, dolores de cabeza constantes y, en ocasiones, buscaba el calorcito reconfortante de mis comidas favoritas como el pastel de chocolate, cuando la vergüenza se volvía demasiado pesada.
Quizás has notado algo parecido en tu propia vida: cómo la autocrítica puede actuar como una jefa implacable en tu mente. A veces incluso trae de vuelta esas frases que escuchábamos en casa cuando éramos niñas, o toma la forma de creencias como: “¿Por qué siempre tomas la decisión equivocada?”, “Hay algo mal en mí”, “No soy suficiente.” ¿Te suena familiar?
Esta crítica constante no solo afecta nuestro rendimiento en el trabajo. También se filtra en nuestras relaciones y en la vida familiar, drenando nuestra energía y dejando poco espacio para el cuidado, la alegría o el cariño.
Descubriendo el amor propio a través de la autocompasión
El cambio llegó hace algunos años, cuando me inscribí en un curso de mindfulness en Perú. Allí conocí el trabajo de Kristin Neff. Una idea me impactó profundamente: la humanidad compartida. Ese recordatorio de que el sufrimiento no es algo que “solo me pasa a mí”, sino una experiencia común. Todas sufrimos, todas fallamos y todas deseamos amabilidad y cariño. Darme cuenta de que no estaba sola me ayudó a empezar—poco a poco—a suavizar.
Kristin Neff describe tres componentes de la autocompasión. El primero es el mindfulness o atención plena: reconocer nuestro dolor en el momento presente, sin negarlo ni exagerarlo. Luego está la humanidad compartida, el recordatorio de que no estamos solas en nuestras luchas. Y, finalmente, la amabilidad hacia nosotras mismas: ofrecernos la misma calidez que daríamos a una buena amiga.
Pueden sonar sencillas, pero vivir estos principios en la vida diaria puede ser profundamente transformador.
Una práctica amable
Una manera de volver a estos tres elementos es a través de la pausa de autocompasión (self-compassion break). Esta práctica breve nos invita a detenernos, reconocer lo que es difícil, recordar que no estamos solas y ofrecernos una frase con cariño como: “Que pueda ser amable conmigo misma.”
No requiere silencio, cojines de meditación ni mucho tiempo. Puedes probarla en tu escritorio, en el auto o antes de dormir. Con el tiempo, se convierte en una forma portátil de afrontar los retos de la vida con más suavidad.
Para tu diario ✍️Si quieres llevar esta reflexión un poco más allá, aquí tienes algunas preguntas amables para tu diario:
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El amor propio no es un lujo ni una moda pasajera: es esencial para nuestro bienestar. Al suavizar nuestra voz crítica, abrimos espacio para el equilibrio, la resiliencia y la conexión. El camino no siempre es fácil—aún hoy, para mí a veces no lo es—pero cada pequeño acto de amabilidad siembra una semilla para vivir con más ternura.
👉 ¿Quieres seguir explorando estas prácticas? Te invito con cariño a unirte a A Kindfulness Journey en Substack—donde también encontrarás contenido en español. Allí compartimos reflexiones, prácticas y recordatorios amables dentro de una comunidad creciente de mujeres que abrazan el mindfulness, la autocompasión y el Perdón Radical. Juntas podemos recordarnos que la amabilidad no es opcional: es una forma de vivir.



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