Maternándonos: una manera de cuidarnos con amabilidad y cariño
- Pili Rivera
- hace 3 días
- 4 Min. de lectura

En el Reino Unido, marzo suele asociarse con el Día de la Madre, una fecha que puede despertar muchas emociones. Para algunas es un momento de celebración y gratitud. Para otras, puede traer tristeza, nostalgia o sentimientos encontrados. Dondequiera que estemos en el mundo, el tema de la maternidad es universal — y también lo es la invitación a explorar cómo podemos maternarnos con amabilidad y cuidado.
Si la palabra maternar te resulta incómoda o lejana, te invito a seguir leyendo. Esta reflexión no trata solo de nuestras madres, sino de descubrir maneras de cuidarnos con ternura, sea cual sea nuestra historia.
Cuando escuchamos la palabra maternar, muchas pensamos en el amor tierno, la paciencia y la protección que solemos asociar con una figura materna. Para algunas, esto trae buenos recuerdos. Para otras, puede despertar dolor o carencia. Hayan estado presentes o no nuestras madres, lo cierto es que en la adultez todas cargamos con una necesidad profunda de ternura y cuidado. Y allí es donde la práctica de maternarnos se vuelve esencial.
Tuve la bendición de tener una relación muy especial con mi mamá. No solo fue mi madre, también fue mi mejor amiga. Tenía la capacidad de escuchar con todo el corazón — su oído atento y amoroso siempre estaba abierto, su consejo era siempre preciso, y su amor, incondicional. Desde que falleció, la extraño muchísimo, sobre todo esos recordatorios pequeños pero poderosos de amor que me regalaba, incluso con sus frases graciosas (¡ella tenía el mejor sentido del humor y una sonora carcajada!) que podían levantarme el ánimo en un instante. En momentos difíciles, muchas veces puedo escuchar sus frases resonando dentro de mí, y se convierten en una fuente de consuelo — una forma de maternarme a través de su memoria.
Maternándonos en nuestra vida diaria
Maternarnos no siempre requiere grandes gestos, sino pequeños actos de cuidado que podemos incorporar en lo cotidiano. Por ejemplo:
Darnos permiso para descansar sin sentir culpa, aunque sea unos minutos en medio de un día ocupado.
Escucharnos con amabilidad, como lo haríamos con alguien querido, cuando notamos autocrítica o exigencia interna.
Regalarnos un detalle sencillo, como prepararnos una taza de té, encender una vela o salir a caminar al aire libre.
Nombrar nuestras emociones en vez de negarlas: decirnos “estoy cansada”, “estoy triste” o “necesito un respiro”.
Ofrecernos palabras amorosas que quizás hubiéramos querido escuchar de niñas: “Estoy aquí contigo”, “Eres suficiente”, “No tienes que hacerlo todo sola”.
Cada uno de estos gestos, por pequeño que parezca, es una forma de maternarnos: de reconocer nuestra necesidad de cariño y responder con cariño en lugar de juicio.
Pero maternarnos no se trata solo de recrear lo que alguna vez recibimos, sino también de reconocer lo que necesitamos hoy. A veces es esa voz interna amable que nos tranquiliza cuando la vida se ha vuelto demasiado pesada. Otras veces es darnos permiso para descansar, sentir o pedir ayuda. Y lo más importante: maternarnos no está limitado a quienes tuvimos experiencias positivas con nuestras madres. Ese amor pudo venir de una abuela, una tía, una maestra o una amiga. Y para otras, puede ser algo que faltó profundamente y que ahora están aprendiendo a ofrecerse a sí mismas.
Maternarse no es un lujo — es resiliencia. Es una práctica de sostenernos con amabilidad para poder encontrarnos con el mundo con mayor firmeza y compasión.
Una práctica amable para maternarnos: mano en el corazón
Te invito a probar esta práctica sencilla pero poderosa, adaptada de un ejercicio de autocompasión de Kristin Neff. Como siempre, hazlo con mucha amabilidad y solo en la medida en que te resulte adecuado:
Encuentra una posición cómoda, sentada o de pie. Puedes tomar una o varias respiraciones largas y profundas.
Coloca una mano suavemente sobre tu corazón. Quizás quieras notar el calor o el ritmo natural de tu respiración bajo la palma.
Si poner la mano en el corazón no te resulta cómodo, puedes probar apoyarlas en tu regazo, sostener una mano con la otra, o incluso colocar una mano en tu mejilla (¡esta opción fue transformadora para mí!). Explora qué se siente más reconfortante para ti.
Tómate un momento para ofrecerte palabras amables, tal vez algo que deseas escuchar: “Estoy aquí para ti.” o “Que pueda ser amable conmigo en este momento.”
Quédate con este gesto por unas cuantas respiraciones, permitiéndote sentir la posibilidad de cuidado y ternura desde dentro.
Recuerda, no hay una manera correcta o incorrecta de hacerlo. Es una invitación a descubrir cómo un gesto sencillo puede transformar tu experiencia interna.
Para tu diario ✍️
|
El camino de maternarnos a nosotras mismas
Maternarnos no significa reemplazar el amor que alguna vez recibimos o que deseamos haber recibido. Significa reconocer que dentro de nosotras existe la capacidad de nutrir, consolar y cuidar nuestro propio corazón. Es algo que siempre está disponible. A veces será a través de los recuerdos de quienes amamos, otras mediante prácticas sencillas como colocar la mano en el corazón. Dondequiera que empecemos, el camino de maternarnos a nosotras mismas es recordar que también merecemos amabilidad y cuidado. Cada gesto, cada palabra tierna y cada pausa consciente es una forma de estar maternándonos en el presente.
Si esta reflexión resuena contigo, te invito a unirte a mi newsletter, A Kindfulness Journey, donde comparto prácticas, reflexiones y orientación amable para acompañarte en tu camino de mindfulness y autocompasión. Ahí encontrarás también contenido en español. Nos vemos ahí.



Comentarios