Redescubriendo la alegría: Por qué jugar es básico después de los 40
- Pili Rivera
- 1 jun
- 4 min de lectura

Al llegar a los 40, la vida suele sentirse como una lista interminable de responsabilidades: carrera, familia, salud, cuidar de otros. En algún punto, la alegría y el juego desaparecieron de la lista casi sin darnos cuenta. Lo sé por experiencia: hubo una etapa en mi vida en la que mis días eran eficientes pero monótonos. Algunos se sentían idénticos, una rutina en “modo hacer” constante, y me encontraba cansada e incluso un poco aburrida. Hacía todo “bien”, pero había olvidado cómo reír sin culpa o disfrutar de los pequeños placeres.
¿Te suena familiar? Esa sensación de que “falta algo”, incluso cuando todo parece estar bien desde afuera.
La verdad es esta: la alegría no es un lujo, es combustible para el alma. El juego no es exclusivo de la niñez, es profundamente humano.
Por qué jugar importa después de los 40
El juego nos trae de vuelta al momento presente, al igual que el mindfulness (o la atención plena). Despierta los sentidos, aligera el estrés y nos invita a vivir con curiosidad. Incluso algunas investigaciones muestran que la alegría y el juego apoyan nuestra resiliencia emocional, la creatividad y la salud.
Y, sin embargo, muchas de nosotras dejamos el juego de lado porque nos parece improductivo—o hasta vergonzoso. Tal vez crecimos creyendo que jugar es solo para peques. Si te has sentido identificada, toma este post como una señal. La alegría no necesita justificación. Darte permiso para jugar es un acto de autocompasión y de valentía.
Cuando la alegría se siente lejana
Sin duda, hay momentos en los que la idea de jugar se siente imposible. El estrés, la tristeza, el duelo o el cansancio pueden hacer que la alegría parezca fuera de nuestro alcance. Si te sientes así ahora, quiero que sepas algo: no hay nada malo en ti. Es normal.
El duelo, en especial, puede pesar mucho. Ya sea la pérdida de un ser querido, de una relación, o incluso de una versión de nosotras mismas que hemos dejado atrás, la alegría puede sentirse distante. Y está bien. Jugar no significa ignorar el dolor ni forzar una sonrisa. Se trata de permitir que una chispa de luz entre, incluso en medio de la pesadez.
El juego puede comenzar con cosas pequeñas y sencillas:
Quizás escuchando una canción que te levante el ánimo, aunque no cantes.
Sonriendo al recordar un momento que le dio calorcito a tu corazón.
Viendo algo que te saque una sonrisa.
Dando un sorbo consciente a un jugo de maracuyá heladito o a una chicha morada (esto aplica cuando estoy en Perú).
Observando cómo la luz del sol se mueve en una habitación.
A veces, la alegría se cuela por pequeñas rendijas, sobre todo cuando no la forzamos. Date permiso de abrir esa rendija, aunque sea por un instante. Eso basta. Y un recordatorio amable: tú eres la experta en ti misma. Estas prácticas son solo invitaciones. Quédate con lo que te sirva, y suelta lo que no. Tú siempre estás a cargo de tu bienestar, y cada pequeño paso—cuando y si te sientes lista—cuenta.
Redescubriendo la alegría a través de los sentidos 🌞🌸🎶🍹
Así es como yo encuentro alegría cuando me detengo y conecto de manera juguetona con mis sentidos:
Vista: Sol, cielo despejado, flores. A veces me detengo a mitad de camino solo para mirar el color de un pétalo o de una hoja.
Oído: Mi playlist de los 2000 con Shakira (¿quién más canta a todo pulmón ¿Dónde Están los Ladrones?). Amo cantar en la ducha o mientras limpio la casa. Es mi elevador de ánimo instantáneo.
Olfato: Hierbas frescas. El romero me conecta a tierra, la menta me refresca—casi como una invitación a volver al presente.
Gusto: Los frutos rojos me recuerdan a casa. Y no hay nada como saborear un jugo heladito de maracuyá en verano. ¡Es increíble cómo algo tan simple puede sentirse tan alegre cuando realmente lo pruebas! ¿Cuál es tu sabor favorito del verano?
Tacto: Sentir el calorcito del sol en la piel (aunque si hay ola de calor, lo disfruto desde adentro). Otras alegrías: caminar descalza en casa, meter las manos en agua fresca, o abrazar a alguien querido (aunque, aviso, ¡en días muy calurosos los abrazos pueden no ser bien recibidos!).
Alegrías sin mucho presupuesto
Jugar no siempre significa apuntarse a una clase nueva, aunque claro que puedes hacerlo. ¿Clases de cerámica? ¿Un grupo de caminata? ¿Una noche de baile? Sí, sí y sí. Pero también podemos encontrar alegrías en la vida cotidiana, en momentos que no cuestan nada y que encajan en tu rutina.
Piensa en:
Bailar salsa en la cocina mientras preparas la cena.
Reírte con una amiga por un audio divertido en WhatsApp.
Garabatear en un cuaderno.
Cocinar una receta nueva solo por diversión.
Mirar cómo cambian de forma las nubes.
Enviar un meme o un mensajito juguetón.
Algunos días sentirás el deseo de explorar un nuevo hobby o unirte a una actividad grupal. Otros días, el juego será tan sencillo como tararear una canción, detenerte a notar algo bonito, o incluso sonreírte en el espejo. Ambos valen. Ambos cuentan. Lo que importa no es si la actividad es grande o pequeña, sino tu disposición a conectar con la alegría.
Práctica: La pausa veraniega de los cinco sentidos
Prueba esta variante juguetona de un clásico del mindfulness:
Ver una cosa que te haga sonreír.
Oír un sonido que te levante el ánimo.
Oler algo que te refresque.
Probar un sabor que disfrutes.
Tocar algo que te conecte o te calme.
No toma ni un minuto. Y basta para recordarte: la alegría ya está aquí.
Para tu diario ✍️
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Antes de irnos
¡Ojo! Recuperar la alegría no significa abandonar tus responsabilidades. Significa recordar que la risa, la curiosidad y el juego son "alimento para el alma". Son tan esenciales para el bienestar como el descanso o la presencia.
Así que aquí va tu recordatorio: vinimos a este mundo para ser felices. El juego no es un lujo, es nuestro derecho de nacimiento. Y podemos hacernos cargo, con cariño, de invitarlo de nuevo a nuestras vidas.
💌 Si quieres seguir explorando, acompáñame en A Kindfulness Journey en Substack, donde comparto reflexiones semanales y meditaciones guiadas para ayudarte a traer más alegría y presencia a tu día a día.



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